miércoles, 13 de noviembre de 2013

Capítulo 8

¡¡Ding, dong!! Me despierta el timbre. Aún medio dormida escucho como mi madre me llama desde abajo.
-Eva, es Judith – me grita.
- Pues que suba – la contesto bordemente. Entonces veo unos mechones de pelo naranja y un ojo color miel asomando por la rendija entreabierta de la puerta.
- ¿Se puede? – me pregunta.
- Claro, pasa – la digo mientras me incorporo en la cama, me coloco un poco la camiseta y me aliso como puedo el pelo con los dedos. Abre la puerta y entra cerrándola tras de sí. Se sienta a mi lado en la cama cogiendo mi peluche de Bob Esponja y poniéndoselo sobre su regazo.
- Es que estaba aburrida en mi casa, siento haberte despertado. Cuando tu madre me dijo que estabas durmiendo la dije que mejor me iba pero insistió en que subiese y en que te despertases, dice que así lo único que haces es desaprovechar tu vida -  me explica mientras juguetea con el peluche.
- No pasa nada, ella es así, además tiene razón, estaba desperdiciando la tarde -  la digo medio riéndome.  Aunque hubiese preferido seguir durmiendo.
- Ayer no encontré nada que me quedase bien, estoy demasiado gorda -  me dice cruzándose de brazos enfurruñada como una niña pequeña.
- Oh vamos, no digas eso nunca más Judith. ¡Si estás para comerte! – exclamo mientras me tiro sobre ella abrazándola y besándola.
- Aggh, me has llenado la cara de babas -  me dice limpiándose cuando consigue zafarse de mí. Entonces juntas nos reímos a carcajadas mientras intento darla más besos.
- Mira, hacemos una cosa, el próximo día te acompaño yo de compras, ya verás como encontramos algo que te guste -  la propongo cuando conseguimos relajarnos.
- Está bien, me parece buena forma de compensarme por esto que me acabas de hacer -  me dice mientras hace como que se sigue limpiando la cara. Me río mientras la miro. Es la mejor. – Bueno, ¿y tú al final que hiciste ayer?  -  me pregunta cambiando de tema.
- Pues… -  la digo sin mirarla, se da cuenta y se lanza encima de mí.
- ¿El qué? ¿Eh? Cuenta ¡YA! – grita entusiasmada, es la chica más cotilla que he conocido jamás, tiene que saber siempre todo, aun que luego guarda muy bien los secretos.
Entonces cuando consigo que se quite de encima, la cuento todo lo que pasó ayer con  Marcos. Según avanza la historia más impresionada parece. Tiene los ojos como platos, aun que permanece callada hasta que termino de hablar.
-Increíble – dice simplemente cuando acabo.  -  ¡Que romántico, que mono, que perfecto, que todo! – grita por fin mientras pega un salto en la cama.  – Yo quiero conocer a un chico así para mí – me dice ilusionada mirando al techo mientras abraza al Bob Esponja apretándolo contra su pecho.
- Tú conseguirás a uno mejor – la digo acariciándola el pelo.
- Bueno, ¿y tú crees que ya sois novios o algo así?
- Pues supongo, antes cuando le he llamado me ha dicho que soy mucho más que una amiga, eso es que somos pareja, ¿no? Además con Álex, en cuanto nos besamos… me dijo que ya éramos novios – le cuento indecisa.
- Sí, claramente lo sois – me dice la pelirroja sonriendo.  – Ay, ¡que ilusión! – grita abrazándome. Sonrío ampliamente, nuevamente parece que soy feliz.

-¿Sabéis que Eva se ha echado novio? – grita entusiasmada Judith en clase. Primera hora, esperando al profesor de matemáticas, un lunes, algo matador, pero parece que Judith se ha empeñado en hacerme entretenida esa hora. Los demás, Sergio, Alberto y Cris, me miran sorprendidos.
- ¿Estás saliendo con él? -  me pregunta Cris levantando las cejas, sorprendida.
- Claro que sí, la dijo que eran mucho más que amigos – grita emocionada de nuevo Judith. Parece que a la pelirroja, la idea de que esté con Marcos, la hace incluso más ilusión que a mí.
- Ah – susurra Cris sonriéndome. No sé si son mis imaginaciones o que es muy pronto y no me entero de las cosas, pero me parece que la sonrisa de Cris es un tanto forzada. Quizás esté pensando en algún chico o la ha pasado algo, debería preguntarla, pero ahora no, cuando estemos a solas.
- ¿Y quién es el afortunado? – pregunta Alberto, no parece tan emocionado, ni si quiera ha sonreído al escuchar la noticia, al igual que Sergio, ambos permanecen serios.
- Un chico del equipo de Jose – responde de nuevo Judith.
- Oye pelirroja, podrías dejarme hablar a mí de vez en cuando, ¿no crees? – la digo sonriéndola.
- Oh, sí, claro, perdona Eva – me dice mirando al suelo avergonzada. Me acerco, la levanto la cabeza apoyando mi mano en su barbilla y la sonrío. Me mira, sonríe sonrojada y me abraza. De verdad, me encanta esta chica de las pecas, no hay otra igual.
- ¿Desde cuándo le conoces? – pregunta Sergio, sentándose en la mesa que tengo al lado.
- Pues… desde ayer – les cuento.
- ¿Desde ayer y ya salís? – grita Alberto - ¿Pero qué es esto? Así va el país… -  dice moviendo la cabeza negativamente mientras mira al suelo. Me quedo callada, sin saber qué decir, justo ahora Judith tiene que dejarme hablar, ¿no? De verdad esta pelirroja… no sabe cuando le toca ayudar…

- Eh, sentaos todos – salvada por el profe. Todos corremos a nuestros sitios y nos precipitamos sobre los pupitres antes de que al señor Paco le dé tiempo a ponernos un parte por estar fuera de nuestro sitio. 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Capítulo 7

Subo a casa, aun no hay nadie, a saber dónde están. Me siento en el sofá y cojo el teléfono, marco y me lo pongo en la oreja.
- Mamá, ¿dónde estáis? - le pregunto cuando me coge el móvil.
- Estamos con tu hermano, que necesitaba algunas cosas para el restaurante que le han mandado comprar y hemos aprovechado a hacer la compra, enseguida volvemos, si quieres ve cenando - me dice mi madre con voz alegre.
- Vale, adiós mamá -  y cuelgo. Voy a la nevera y cojo una tartera con filetes de pollo y una botella de agua. Me voy a mi habitación y enciendo el ordenador mientras me como un filete frío.
-¡Tía! ¿A qué no sabes qué pasó ayer? – grito por el teléfono cuando Cris me lo coge.
- ¡Ei, ei, no grites tanto loca! – me dice Cris medio riéndose. – Si ya lo sé todo, te liaste con el guaperas ese de Marcos, me lo ha contado todo Jose, parecía molesto, yo creo que le gustas – me dice riéndose a carcajadas.
- Va, venga Cris no seas tonta, le gustas tú, ¿y cómo es que ya lo sabe? – le pregunto algo extrañada.
- Marcos, se lo contó a todo el equipo por el grupo de Whatsapp – me dice Cris como si fuese algo evidente.
- ¿A todo el equipo? Flipo… - le digo molesta.
- Bueno venga es algo normal, ¿qué más te da? Además es guapísimo, ¿para cuándo la boda? – dice Cris riéndose aún más que antes.
-Joder Cris, ¿no se puede hablar contigo enserio? – la digo cabreándome.
- Lo siento… - me dice con voz arrepentida. – Bueno, ¿vas a contarme cómo fue o qué?
- Sólo fueron cuatro besos tontos, luego me dejó su número – la cuento evitando los detalles.
- Qué sosa eres Eva, enserio, ¡así no le conquistarás nunca eh! – me dice prácticamente gritando y con tono irónico.
- ¿Te recuerdo quién le besó ayer? -  la digo chinchándola.
- Bah, pero porque yo le gusto a Jose y es un buen amigo, si no habría ido a por mí y lo sabes perfectamente- dice con tono de superioridad y al final se ríe.
- Tú deberías salir con Jose, no está mal y así podríamos salir en parejitas – la suelto de repente.
- Ni hablar – dice rápidamente. – Si tanto te gusta sal tú con Jose y yo salgo con tu chico, ¿no te parece? – dice bromeando.
- No, ni lo sueñes, Marcos es mío y no hay más que hablar, aun que cuando ya no le quiera te lo presto unos días -  la digo siguiéndola el royo. Juntas nos reímos hasta que oigo la voz de un chico al otro lado del teléfono. – Eh, ¿qué se escucha por ahí? – pregunto curiosa.
- Nada, que he quedado, luego hablamos, adiós Eva – me dice apresuradamente y, sin darme tiempo a contestar, me cuelga.
Habrá quedado con el chaval ese de 18 años que conoció en el partido de su hermano, por eso ha colgado tan rápido, esta chica… Me dejo caer en la cama, mirando a las estrellitas brillantes que aún tengo pegadas en el techo de cuando era pequeña y tenía miedo a la oscuridad. Pienso en Marcos, en sus ojos oscuros, en su sonrisa pícara, en sus besos… y sin querer, una sonrisa tonta se me dibuja en la cara. Entonces me acuerdo de que me escribió su número de teléfono. Me levanto, me acerco a la mesa de escritorio y cojo el móvil. Busco su nombre en los contactos. Ahí está, lo ha guardado como Marcos guapo. Sin querer vuelvo a sonreír cuando lo leo. Me siento en la cama y le llamo, al tercer bip me lo coge.
-¿Sí? ¿Quién es? – me dice con una voz extraña, molesto por tener que contestar al teléfono, quizás estaba haciendo algo. Me siento tentada de colgar, no molestarle y llamarle en otro momento, pero ya que estamos…
- Hola Marcos guapo – le saludo dulcemente con el nombre con el que guardó su número de teléfono.
- ¿Qué? ¿Quién coño es? – suelta borde. Me quedo callada, hubiese sido mejor colgar o no haberle llamado. – ¡Ah! ¿Eres Eva? – dice al cabo de unos segundos cuando parece recordar.
- Sí – le digo secamente y algo molesta.
- Perdón, es que ahora no puedo hablar, estoy con… mi… prima -  me dice. Me parece notarle indeciso, todo lo contrario que ayer.
- ¿Quién es? – escucho a una tercera persona de fondo, una chica, será su prima.
- Nadie, una amiga – dice rápidamente Marcos.
- O sea que sólo soy una amiga… - le digo ya cabreada.
- Venga Eva… que ahora no puedo hablar, luego te llamo, ¿vale? Y claro que no, eres mucho más que una amiga – esto último me lo dice susurrando.
- Está bien, luego hablamos – le digo ya algo más calmada. - Adiós Marcos guapo – me despido con una sonrisa en la cara.
- Hasta luego señorita -  me dice con voz dulce, y cuelga.

Vuelvo a estar en la cama tirada, aburrida y encima, pensando en él. Al menos ya no me acuerdo tanto de Álex y Carmen, quizás sea verdad eso de que un clavo saca a otro clavo.  Me quedo un rato allí tumbada, sin hacer absolutamente nada hasta que me quedo profundamente dormida. 

jueves, 7 de noviembre de 2013

Capítulo 6

- Como quieras - le digo. Abro el portal y subimos en ascensor. Marcos se mira en el espejo y se coloca como puede el pelo. Me pongo nerviosa. Me doy cuenta de lo que estoy haciendo, le voy a dejar pasar a mi casa y,¡le he conocido hoy! ¡Ni si quiera sé cómo es! Me muerdo las uñas nerviosa cuando llegamos a mi piso. Abro la puerta insegura. Pasamos dentro.
- Voy a cambiarme, ¡espera aquí eh! - le digo sin ni si quiera mirarle. Voy a mi habitación y cojo lo primero que encuentro y me visto rápido.
- Bonita casa - oigo que me dice Marcos desde el salón. Voy a ver qué hace en cuanto termino de vestirme. Está mirando unos marcos de fotos.
- ¿Esta eres tú? - me pregunta señalando una foto mía de pequeña. Asiento y él sonríe. - Que mona, aunque ahora eres mucho más guapa - me dice pasándome una mano por la cintura y mirándome a los ojos. Me pongo nerviosa y me retiro de su lado. Él se ríe y me acaricia la mejilla dulcemente. Se gira y sigue viendo las fotos. Le miro fijamente y sonrío involuntariamente.
- Bueno... ¿Nos vamos? - le digo acercándome a la puerta.
- Ah, claro - me dice mirándome algo decepcionado. Salimos de mi casa y bajamos en ascensor. Fuera ya apenas llueve y caminamos en silencio hacia el parque de al lado de mi casa. Me siento en un banco debajo de un árbol y él se sienta a mi lado, pegado a mí, pasa su brazo por mi hombro y me retira el pelo de la cara, pasándomelo por detrás de la oreja. Le miro y veo sus ojos clavados en mí.
- Eres preciosa - me susurra cerca del oído. Me estremezco y sonrío ligeramente. Un cosquilleo me recorre todo el cuerpo. Estoy nerviosa, pero me siento bien a su lado. Se acerca a mí y me besa la mejilla, después me acaricia haciendo que me dé un pequeño escalofrió. Me apoyo en su hombro mientras él me acaricia el pelo.
- ¿Quieres que vayamos a dar una vuelta? - me dice incorporándose un poco y sonriendo. Asiento con la cabeza y me levanto. Estoy embobada, parece como si estuviese en las nubes, no sé qué me pasa, pero es agradable. Me agarra la mano y andamos por las calles.
-¿Te enseño "mi sitio"? - me dice mirándome a los ojos con una sonrisa alegre.
- Vale - le contesto. Me aprieta más fuerte la mano y tira de mí. Vamos prácticamente corriendo y me lleva a un parque donde solía ir a menudo con Sergio a sacar a su perro. Es grande y bastante bonito, está lleno de árboles, arbustos frondosos y flores de distintos colores. Aminoramos el paso y nos adentramos en el parque, andando, tranquilos, sin prisa, de la mano. Andamos por un pequeño camino de piedra bordeado por pequeñas florecillas. Me suelta la mano y me agarra de la cintura. Tira de mí hacia la derecha y nos metemos entre los arbustos.
- ¡Eh! ¿A dónde vamos? - le digo poniéndome nerviosa de nuevo.
- Tranquila, yo sé lo que hago - me dice mientras nos adentramos entre las plantas. Llegamos a un pequeño camino de tierra, por el que no parece que haya pasado mucha gente.
- ¿A que no conocías este camino? - me dice sonriéndome mientras seguimos adelante. Niego con la cabeza y le sigo, mirando todas las flores y plantas de mi alrededor. Llegamos a una pequeña y bonita fuente, llena de enredaderas, iluminada por una luz que tiene en lo alto y con cuatro bancos blancos alrededor, el suelo de madera forma un hexágono.
- Aquí vengo cuando tengo problemas y necesito pensar, eres la primera persona que traigo aquí - me dice mientras me mira a los ojos. Me vuelve a agarrar de la mano y nos sentamos en uno de los bancos. Miro a mi alrededor, apenas se ve el cielo por los árboles. Parece un lugar mágico. Miro a Marcos de reojo, que mira la fuente embobado, sonrío disimuladamente y me apoyo en él. Me abraza y me besa la frente.
- Eres increíble - le susurro sin mirarle. Noto como sonríe y me acaricia la mejilla retirándome el pelo, me incorporo y le miro, es guapísimo. Me besa dulcemente la mejilla y se queda mirándome a los ojos. Apoya su frente contra la mía.
- Nunca había conocido a nadie como tú, enserio - me susurra. Se acerca aún más a mí y me besa. Me abandono en sus brazos y le beso yo también. Me acaricia suavemente el pelo y la nuca. Poco a poco nos separamos y me mira a los ojos sonriente.
- Me parece que tendremos que quedar más días, ¿no? - me pregunta con una sonrisilla pícara. Sonrío y me abraza - Creo que deberíamos irnos ya, empieza a anochecer - me dice mirando al poco cielo que se ve desde allí. Asiento y nos levantamos. Volvemos a adentrarnos entre los arbustos y volvemos al camino de piedra del principio. Me agarra de la cintura y me acompaña a casa.
- Bueno, ya hablaremos - me dice metiendo la mano en mi bolsillo del pantalón y sacando mi móvil, le miro extrañada. - Aquí tienes mi número - me dice después de haber escrito algo en mi móvil, y me lo vuelve a meter en el bolsillo. Se acerca y me da otro beso, suave y rápido - Me voy ya, ¡hasta pronto! - me dice alejándose y guiñándome un ojo. Me quedo en la puerta, mirándole, hasta que desaparece por una calle y me meto al portal. 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Capítulo 5

Una vez en el campo de fútbol nos sentamos en los banquillos, chispea un poco pero no molesta. Buscamos a Jose con la mirada, está junto a otro chico, algo más bajito, con el pelo castaño más o menos largo. Están calentando, el chico bajito mira en nuestra dirección y Cris saluda con la mano.
- ¿Quién es? - la pregunto sin apartar la mirada de los dos chicos.
- Ni idea - me contesta riéndose y sin dejar de saludar. Sacudo la cabeza, Cris es imposible, siempre está igual con los chicos. El chaval bajito le dice algo a Jose y miran en nuestra dirección. Jose sonríe y nos saluda con la mano. Acaban el calentamiento y se ponen a jugar un partido.
- ¿Por qué no sales con Jose? Es un chico muy majo - le comenta Judith a Cris. Esta pone cara de asco e ignora el comentario. De repente lanzan la pelota cerca de donde nos encontramos. El chico bajito corre rápidamente a por ella. Le caen gotas del pelo por la cara. Se agacha a por la pelota y nos mira. Nuestras miradas se cruzan. Son apenas dos segundos, pero me ruborizo y sin saber por qué retiro la mirada. Vuelve al campo y siguen jugando. De repente empieza a llover con más fuerza.
- ¡Ay! ¡Como llueve! - se queja Cris. Aunque en el banquillo apenas nos mojamos.
- ¡Todo el mundo a los vestuarios! - grita el entrenador. Todos los chicos corren hacia abajo. - Vamos, vosotras también - nos mete prisa el entrenador. Les seguimos corriendo para mojarnos lo menos posible. Entramos al vestuario, los chicos se sientan en los bancos. Algunos sacuden la cabeza para secarse el pelo. Otros se estrujan la camiseta y llenan el suelo de agua.
- ¡Chicas venid aquí! - nos grita una voz desde un rincón del vestuario. Son Jose y el chico bajito de antes. Están sentados en un banco. Nos acercamos y nos sentamos con ellos.
-Este es Marcos - nos dice Jose señalando al otro chico - Ellas son Cris, Eva y Judith - nos presenta. Marcos se levanta y nos da dos besos a cada una. Se sienta y se seca el pelo con una toalla. De vez en cuando veo que nos mira de reojo a las tres y comenta algo en bajito con Jose. No dejo de mirarle. Es bastante guapo. Su pelo mojado casi parece negro y algunos mechones le llegan a los ojos. Se pasa la mano por la cabeza echándose el pelo hacia atrás para retirárselo de la cara. Se levanta y se quita la camiseta de la equipación, que está empapada. Se vuelve a sentar y la estruja haciendo que caiga un chorro de agua al suelo.
- Joder lo que ha llovido en un momento... - comenta mirando todo el suelo mojado del vestuario. Jose asiente y se quita también la camiseta imitándole e inmediatamente saca otra de la mochila y se la pone. Marcos se queda así, sin camiseta, sentado y apoya la cabeza en la pared. Le miro fijamente. Está fuerte. Se le marcan bastante los pectorales. De repente me mira y nos quedamos así, mirándonos a los ojos. Me sonríe. Tiene una sonrisa preciosa. Noto como Judith me da un codazo en el costado. Sacudo la cabeza y la miro. Sonríe y se acerca a mi oído.
- Como le miras eh... - me dice sonriendo e intentando chincharme.
- ¡Que va! - la digo tímidamente y mirando al suelo. Se ríe y la pego un suave empujón riéndome yo también. Los demás nos miran sin entender pero no les hacemos ni caso.
- Chicas vámonos ya que aunque deje de llover ya no da tiempo a que entrenemos más - nos dice Jose levantándose del banco. Marcos le imita y nosotras hacemos lo mismo. Salimos fuera. Llueve con fuerza. Corremos los cinco en dirección a la parada de autobús. Pisamos los charcos que se han formado en el suelo salpicando a nuestro alrededor y acabando aún más mojados todavía. Miro hacia la carretera y vemos como el autobús pasa por nuestro lado. Corremos más rápido, con todas nuestras fuerzas. Conseguimos llegar justo antes de que el autobús cierre las puertas. Vamos hacia el fondo. Me siento en los últimos asientos, al lado de la ventana, Marcos se sienta a mi lado y Jose ocupa los otros asientos tumbándose. Cris y Judith se sientan delante, mientras miran embobadas el móvil de Cris. Marcos sacude la cabeza y me salpican algunas gotas.
- Oh, lo siento - se disculpa al ver que me ha mojado.
- Da igual, si estoy empapada, unas cuantas gotas más no las voy a notar - le digo despreocupada sonriendo. Me sonríe él también.
- Tienes una sonrisa preciosa - me dice sin dejar de mirarme. Me ruborizo ligeramente y me pongo nerviosa.
- Oh, gracias - le digo con una risilla nerviosa. Se ríe y me pasa el brazo por el hombro. Jose se levanta ligeramente y se queda mirándonos algo extrañado.
- Eva, si te molesta le das una hostia y ya está, ¡qué no pasa nada eh! - me dice, parece que habla enserio. Le miro sin saber qué decir.
- Tío cállate, que lo hago porque puedo - le dice Marcos molesto y con tono de chulo. Jose hace ademán de darle una colleja pero Marcos se agacha esquivándola. Se ríe y me apoya contra su pecho.
- Pero déjala en paz, ¡pedazo de subnormal! - le grita Jose ya algo cabreado.
- ¿Qué más te da? ¡Si a ti te gusta Cristina! - le dice Marcos sin dejar de sonreír. Cris y Judith se giran para ver qué es lo que pasa. Jose las mira preocupado y Marcos se ríe a carcajadas. Jose le lanza una mirada asesina pero este le responde guiñándole un ojo. - Además, Eva, ¿a que a ti no te molesta? - me dice acariciándome el pelo. Niego con la cabeza, aunque algo insegura. Marcos levanta las cejas y pone una mueca con la boca, como diciendo le, '¿Ves como tenía razón?' Jose sacude la cabeza enfurruñado y se vuelve a tumbar en los asientos. Cris y Judith se levantan.
- Nosotras nos bajamos aquí - nos dicen.
- ¿Tú no bajas? - me pregunta Marcos.
- No, se van a comprar ropa y a mí no me apetece, así que supongo que me iré ya a mi casa, además estoy empapada.
- ¿Por dónde vives? - me pregunta acariciándome la mejilla.
- Eh... Al lado de las vías del tren - le contesto embobada mirándole a los ojos.
- Te acompaño si quieres, me pilla cerca de mi casa - me dice amablemente.
- Vale - le digo sonriendo tímidamente.
Jose se baja del autobús despidiéndose con la mano. Nos quedamos Marcos y yo, solos, en silencio, yo sin saber qué decir, él mirándome y sonriendo. Me muevo incómoda en el asiento. Marcos retira el brazo de mi hombro y se pone serio.
- Bueno, y ¿cuántos años tienes? - me pregunta.
- Catorce, y tú?
- Jaja, que peque - me dice sonriendo. - Yo dieciséis.
Le sonrío. No los aparenta la verdad. Sergio es de su edad y parece mucho mayor que él. Pero no le digo nada. El autobús para y salimos. Andamos con paso ligero, ya que sigue lloviendo. De vez en cuando comenta algo y me río. Llegamos a mi casa. No veo el coche de mi madre aunque no le doy importancia y llamo al telefonillo. Nadie contesta.
- No están... - comento sacando las llaves del bolsillo.

- Entonces puedo subir y me enseñas tu casa - me dice Marcos con una sonrisa pícara. 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Capítulo 4

- ¿Qué dices? - me exclama Judith con la boca abierta cuando le cuento a ella y a Cris lo del beso con Sergio.
- ¿Besa bien? - pregunta Cris sin quitarme un ojo de encima. La miro sorprendida. Lo único que se le ocurre preguntar es, si besa bien, no tiene remedio.
 - Eh... Esto... Pues... Sí, supongo que sí - digo sin estar muy convencida.
- ¡Pero dímelo claro! - exclama Cris nerviosa. - Si algún día me da por liarme con él, ¡tendré que saber si besa bien o no!
- ¿¡Qué!? En ese caso no, no besa bien - la digo algo enfadada. No sé por qué, pero la idea de que Cris se líe con Sergio no me gusta nada. ¿Serán celos? No, no puede ser, a mi Sergio nunca me ha gustado y por un beso no puede empezar a gustarme. De nuevo me veo echa un lío y sacudo la cabeza sin saber qué pensar de todo esto. Entonces Sergio se acerca a nosotras, que estamos reunidas en el pupitre de Judith esperando a que comience la clase.
- Hola – dice mirándonos. Las tres le miramos rápidamente. Creo que se da cuenta de que hablábamos de él y se ruboriza ligeramente. Entra el profe en clase y Sergio corre a su sitio.
En el recreo nos juntamos los cinco pero Sergio permanece callado todo el rato, de vez en cuando me mira y me sonríe tímidamente, como siempre. Ayer parecía mucho más seguro de sí mismo, pero no le doy más vueltas.
Y así pasan los días, las semanas, hasta que parece que el suceso del beso ha sido olvidado y que todo vuelve a ser como antes.

- ¡Eh! ¿Por qué no os venís esta tarde a mi entrenamiento? ¡Así veis lo bueno que soy! - nos dice un día Jose, un chico de nuestra clase. Está coladito por Cris y no sabe qué más hacer para intentar conquistarla. A mí me parece un chico super majo y divertido y es mono, no está nada mal. Pero Cris está encaprichada con el chico ese de 18 años y pasa del pobre Jose. Le sonrío y miro a mis dos amigas que no parecen muy convencidas.
- Venga chicas, ¿por qué no vamos? Seguro que es divertido - las intento convencer para hacer sentir mejor a Jose que me echa una mirada de agradecimiento.
- Venga vale... - consigo convencerlas y sonrío ampliamente.
Esperamos al autobús bajo la lluvia, cantando, saltando y bailando, como tres niñas pequeñas, sin saber que lo que nos espera nos puede cambiar la vida completamente.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Capítulo 3

- ¡Eva! ¡Guapa! - me grita una voz a mis espaldas en el patio del instituto. Me giro y los veo. Alberto y Sergio. Alberto es de un curso superior. Es bajito y guapo. Tiene el pelo corto y castaño claro a juego con sus ojos marrones. Lleva una camiseta negra de tirantes que marca sus delgados brazos. Es un chico atrevido, ligón, bromista y alegre. A su lado está Sergio, es de mi clase, aunque me saca dos años. Me mira con sus preciosos ojos verdes. Toca la guitarra y canta. Es un chico bastante sensible, que muestra sus sentimientos, normalmente sin miedo, con naturalidad. Aunque con las chicas es algo tímido, lo que hace que pierda muchas oportunidades. Son unos chicos estupendos, mis amigos. Siempre que pueden quedan con Judith, Cris y conmigo y juntos hacemos de las nuestras. Les sonrío ampliamente y me acerco a ellos. Sergio me da dos besos tímidamente y Alberto me intenta alzar por los aires abrazándome. A continuación saludan a Judith y a Cris con dos besos.
- Eva, ¡aún me debes una cosa eh! - me dice Alberto guiñándome un ojo. Le pongo una de esas miradas asesinas, aunque lo único que consigo es que se eche a reír. Un día, no sé cómo, consiguió que le prometiese un beso... Y cada vez que me ve me lo recuerda. Pero si de verdad lo quiere, que espere sentado... Alberto mira a Sergio y le saca la lengua, como un niño pequeño y sigue riéndose sin parar. No entiendo que le hace tanta gracia, aunque Cris también se ríe disimuladamente. Judith y yo nos miramos sin comprender nada. Me encojo de hombros y me siento en un banco mientras me como un pequeño bocadillo. Cris y Judith se sientan junto a mí, mientras los chicos comienzan a pegarse y a reírse como dos críos. Suena el timbre que indica el final del recreo y nos encaminamos a clase. Sergio corre y se pone a andar a mi lado.
- Eva, ¿hoy has venido andando? - me pregunta mirando al suelo. Le miro y asiento con la cabeza.
- Si, ¿por qué? - le pregunto curiosa.
- No, por nada... Es que se me había ocurrido que como hace frío quizás podría llevarte en la moto, mas rápido, así además te doy una vuelta para que veas lo bien que la conduzco ya - me dice dejando entrever una pequeña y tímida sonrisa.
- Oh, ¡me parece perfecto! - le digo sonriendo mientras me siento en mi pupitre. Sergio me sonríe y se aleja a su sitio.
- Ten - Sergio me extiende un casco rojo que me pongo de inmediato mientras él se pone el suyo, uno de color negro. Monta en la moto y me mira esperando a que suba. Lo hago y me aferro fuerte a su cuerpo. Arranca y corre por las calles mojadas de Madrid.
- ¿Te parece que demos una vuelta antes de volver a casa? - me pregunta gritando para que le escuche.
- Vale.
Acelera y gira hacia la derecha, por una calle que no conozco. Ya no llueve, aunque el cielo sigue negro. Sergio sigue conduciendo rápido por las calles, no sé ni donde estamos, pero tampoco me importa. De repente frena y para la moto. Espera que me baje y a continuación él hace lo mismo y se quita el casco.
- Sígueme, vamos - me dice con su típica sonrisa tímida. Lo hago y camino a su lado, en silencio, mientras me lleva a un pequeño parque. Todo está verde, parece que aquí fuese primavera. A la izquierda hay una pequeña cúpula donde vamos a sentarnos, ya que es el único lugar seco del parque.
- Vaya, es un sitio precioso, ¿eh? - le digo mirando todo cuanto tengo alrededor. Él sonríe y asiente.
- Mi abuela me traía cuando era pequeño y ahora intento venir al menos una vez a la semana. Me encanta este lugar - me cuenta con la mirada perdida, a saber en qué viejos recuerdos de su infancia. Le miro y sonrío. Llevamos desde que yo tenía 8 años siendo amigos, y sigue tan tímido como siempre, evitando mi mirada. De repente vuelve a llover, nos miramos, nos reímos y corremos a la moto. Me lleva lo más rápido que puede a casa. Aparca la moto justo enfrente del portal, aunque baja y me acompaña a la puerta.
- Oye Eva... - me susurra mirando al suelo.
- ¿Si? - me doy la vuelta y le miro.
- Tú y yo siempre estaremos juntos, ¿verdad? Pase lo que pase... ¿No? - me pregunta sin dejar de mirar al suelo.
- Mmm ¡claro! ¿Por qué lo dices? ¿Pasa algo Sergio? - le digo preocupada.
- Oh no, nada importante solo que... - parece nervioso, me mira a los ojos e intenta sonreír. - ¿Podemos pasar al portal? Me estoy empapando. - me dice señalando su chaqueta. Sonrío y abro la puerta, entramos y nos sentamos en las escaleras. Le miro esperando saber qué es lo que pasa. Él juega con la cremallera de su chaqueta, algo nervioso. Entonces alza la mirada y me mira a los ojos. Sonríe, sonrío. Y rápidamente se acerca a mí y me roba un beso. Se separa apenas unos centímetros para ver mi reacción, me mira a los ojos, aún más nervioso que antes. Apenas me muevo, no sé qué hacer, cómo reaccionar ante esto, no me lo esperaba. Le miro a los ojos y veo que sonríe, intento hacer yo lo mismo pero creo que fracaso, aunque vuelve al ataque y me besa. Lo hace dulcemente, aunque inseguro, con miedo. Poco a poco me separo de sus labios.
- Tengo que subir - le digo en un susurro mientras me pongo de pie.
- Oh, sí, claro - me dice rascándose la nuca y mirando al suelo. - Eh… Hasta mañana - me dice serio. Le sonrío y echo a correr escaleras arriba, oigo la puerta del portal cerrarse y me detengo en mitad de las escaleras. Asombrada, sin entender aún muy bien qué es lo que ha pasado. Y sin entender menos todavía lo que yo he sentido. Sacudo la cabeza intentando despejarme y subo lentamente las escaleras. Recuerdo cada tarde con Sergio, todos esos momentos juntos, todos esos años que llevamos siendo amigos. ¿Desde cuándo lleva sintiendo por mi algo más que amistad? Confusa abro la puerta de casa.
- Ya estoy aquí - anuncio. Voy a mi cuarto y me encierro allí, para pensar lo sucedido. Enciendo el portátil y me conecto al tuenti. No hablo a nadie, no me apetece, simplemente intento buscar una respuesta a lo ocurrido, ni siquiera me he apartado cuando me ha besado por primera vez, es más, me gustó, en el fondo besa bien. Sonrío para mis adentros y vuelvo a sacudir la cabeza. ¿Qué es lo que me pasa? De repente alguien me habla. Es Sergio.
"Siento si lo de antes te ha molestado"
"Oh Sergio, no pasa nada, enserio. Me tengo que ir, adiós"

Me desconecto rápidamente. Tengo miedo. No sé qué decirle. No sé cómo reaccionar. Ni si quiera sé si volvería a dejarme besar por él. Me tumbo en la cama y suspiro. Al poco rato me quedo dormida. Ni siquiera ceno ese día, duermo hasta la mañana siguiente. 

domingo, 27 de octubre de 2013

Capítulo 2


Él es Alex, un chico del instituto de al lado. Tiene los ojos azules y el pelo corto y castaño, despeinado siempre. Tiene 17 años y estuvimos saliendo 5 largos meses... Hasta que me dejó, por ella, por Carmen. El recordarlo me hace estremecerme. Él fue el primero, mi primer amor, ese que dicen que nunca se olvida, ese que me hizo sentir tantas cosas, tantas emociones, tantos bonitos momentos... Me prometió tantas cosas que nunca llegó a cumplir... Sacudo la cabeza ligeramente y voy a por el pan, intentando no pensar en el maldito pasado. Cojo lo que me ha encargado mi madre y pago en la caja. Salgo y una ligera llovizna empapa la ciudad. Me pongo la capucha de la sudadera y monto rápidamente en la bici. Pedaleo lo más rápido que puedo en dirección a casa. A lo lejos veo una silueta en el portal, y sin ninguna duda lo reconozco. Es Víctor, o Vito, como lo llamo yo, ya que de pequeña no sabía decir su nombre, mi hermano mayor. Tiene 18 años. Es un chico alegre, extrovertido y muy sociable. Un chico guapísimo, debería añadir, y creo que tiene locas a todas las chicas de nuestro barrio, sinceramente, si yo no fuese su hermana, estaría pillada por él.
- ¡¡Vito espera!! - le grito acelerando mis pedaladas. Mi hermano se gira y sonríe al verme llegar. Siempre nos hemos llevado bien, hablamos de todo, es al único al que le cuento mis cosas en esta casa, me desahogo contándole cada uno de mis problemas, y de vez en cuando él también me cuenta algo de su ajetreada vida. Trabaja de pinche de cocina y su sueño es llegar a ser un gran cocinero. Llego a su lado y bajo de la bici, la meto rápidamente en el portal mientras él me sujeta la puerta. Abro el trastero y la meto allí, descuidadamente. Acto seguido corro a abrazar a mi hermano. Vito se tira días fuera de casa, normalmente duerme en casa de su novia o de su mejor amigo, que hablando del tema, está buenísimo. Así que apenas le veo, lo que hace que me pase el día amargada en mi habitación, sin ganas de deambular por la casa solamente con la compañía de mis padres, que debo añadir, que aparte de estrictos, son bastante aburridos. Vito me estrecha contra su pecho fuertemente.
- ¿Qué tal todo Eva? - me pregunta mientras me separa de sí y llama al ascensor.
- Pues en casa aburridos todos, como siempre, en el instituto tirando como puedo, así que sin ninguna novedad - le respondo con una sonrisa cansada. Ni por asomo le comento nada de Álex, no tengo ganas de hablar de ese tema ahora. - ¿Y tú que me cuentas eh Vito? ¡Qué hace 4 días que no sabía nada de ti! - le echo en cara riéndome. Me sonríe y me revuelve el pelo entrando en el ascensor.
 Pues yo normal, ya sabes, del trabajo a casa de Belén y de casa de Belén al trabajo, como siempre - me dice con una amplia sonrisa que le devuelvo inmediatamente. Entramos a casa y saludamos a mi madre.
- ¡Mamá mira quien ha venido! - la digo al abrir la puerta. Mi madre se asoma desde la cocina.
- ¡Víctor! - exclama alegre al ver a mi hermano. Sale al recibidor con su delantal y una manopla del horno, aun así abraza a mi hermano y él la devuelve el abrazo sin importarle que se pueda manchar. Cuando le suelta doy un beso en la mejilla a mi madre y corro al comedor a ver la tele, mientras mi hermano la ayuda en la cocina y aprovecha para estar con ella un rato.

¡Piii! ¡Piii! Suena mi móvil por la tarde. Es un mensaje de Cris. "En media hora en el McDonald". Cris es una de mis mejores amigas. Va a mi clase aunque en los estudios va un poco peor que yo. Es una chica guapísima. Con una larga y lisa melena de color castaño claro y los ojos verdosos. Es algo pija, caprichosa y presumida, aunque también muy divertida. Siempre he sabido que puedo contar con ella para todo. La contesto al mensaje con un simple y rápido "Ok". Me levanto de la cama de un salto y abro el armario. Cojo una camiseta azul oscura con unas letras en blanco que dicen "Loveis in the air", ojalá fuese así, pienso, y suspiro. Sacudo la cabeza y sigo a lo mío. Me sumerjo en el armario en busca de unos pantalones. Al final cojo unos vaqueros ajustados y unas manoletinas azules marinas con el borde en blanco.
- ¡Papá! ¡Voy a salir, he quedado con Cris! - le grito desde la puerta abierta de mi cuarto.
- Eva, ven aquí y no chilles - me dice mi padre algo mosqueado. Salgo a regañadientes de mi habitación y voy hacia la sala de estar, donde está él, leyendo un libro gordísimo sentado en el sillón. - Por mi puedes ir, pero pregúntale a tu madre - me dice sonriendo. Mi madre es más estricta con eso y no le gusta que salga a la calle. Es demasiado sobreprotectora. Agacho la cabeza en señal de miedo y decepción y voy hacia la cocina. Tras un largo esfuerzo consigo convencer a mi madre y salgo de casa corriendo con una chaqueta de cuero negra en la mano. Llamo al ascensor nerviosa y mientras me pongo la chaqueta. Una vez en el portal cojo la bici y corro hacia donde hemos quedado. Dejo la bici fuera y entro. Allí se está mucho más calentito. Busco con la mirada a Cris entre la gente. Y allí, en el fondo, las veo. Cris y Judith. Mis dos mejores amigas. Mis confidentes. Mis consejeras. Son como las hermanas que nunca he llegado a tener. Camino hacia ellas y en cuanto me ven, Judith corre a mi encuentro dándome un fuerte abrazo, como hace siempre. Judith también es de mi clase. Saca buenísimas notas, por lo que la mayoría de las veces le toca dejarnos a Cris y a mí los deberes. Es una chica bajita, algo rellenita pero aun así bastante guapa, en mi opinión. Es pelirroja y tiene los mofletes llenos de pequitas que, a mí personalmente, ¡me encantan! Tiene unos bonitos y pequeños ojos color miel. Es una chica divertida, positiva y amante de la vida y, ¡de las hamburguesas! Sus padres están divorciados y siempre la dan lo que pide, aunque Judith solo es caprichosa cuando va al McDonald.
-¡Corre, corre, siéntate! Que Cris quiere contarnos algo - me mete prisa entusiasmada. Me empuja hacia una silla para que me siente.
- Eh! Que yo también quiero comer algo - exclamo sonriente al ver que Judith tiene 3 hamburguesas en la mesa y Cris unas alitas de pollo. Así que me encamino a la cola mientras Judith me mira enfurruñada e impaciente por saber la historia de Cris. No sé por qué se pone así, normalmente cuando Cris quiere contarnos algo tiene que ver con algo de ropa nueva que se ha comprado y que quiere restregarnos. Me compro unas patatas fritas y voy hacia la mesa. Me siento al lado de Judith, ambas en frente de Cris, mientras la escrutamos con la mirada, esperando a que comience su historia. Ella sonríe risueña y haciéndose la interesante.
- Eh! pero, ¿a qué esperas? - le exclama Judith impaciente. Cris suelta una carcajada y muerde una alita.
- Haber... - comienza a hablar mientras traga el bocado que acaba de dar. - ¡¡He conocido a un chico!! - exclama con una amplia sonrisa. Abro los ojos interesada.
- ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Qué ha pasado? ¿Cómo se llama? ¿Cómo es? - le llena Judith de preguntas.
- Aaaaaa ver, vamos por partes, eh? - sonríe Cris risueña. - Esta mañana mi hermano tenía que jugar un partido de futbol, así que le llevé. Como siempre yo pasé de estar viéndole, es muy aburrido. - empieza a contar sin parar de comer. - Entonces entraron otro grupo de chicos, algo mayores que nosotras. Salían de las duchas y venían a ver a los pequeños. A uno de ellos se le cayó una pequeña toalla al suelo y yo, velozmente, la cogí y se la devolví. Entonces vi sus preciosos ojos azules y su preciosa sonrisa. " Gracias, cómo te llamas?" Me dijo. Y así empezamos a hablar y, ¡hemos quedado mañana! - nos cuenta jugando con un mechón de pelo, mirando a quien sabe dónde, sonriendo como una estúpida.
- ¿Qué edad tiene? - le pregunto interesada por la historia.
- Se llama Gonzalo y tiene 18 años.
- ¿¡Cuantoooos!? 18!? - exclama Judith alucinando. - ¿Y sabe que tienes 4 años menos que él? - le pregunta con mirada inquisitiva.
- Bueno... No del todo - contesta tímidamente Cris. - Cree que tengo 15 y que en pocos meses cumplo 16, pero, ¡eso no tiene importancia! - exclama mordiendo otra de sus alitas. Sacudo la cabeza de un lado a otro. Esta chica no tiene remedio. Con tal de conseguir a un chico hace lo que sea. Pero al menos parece ilusionada y feliz, así que me alegro por ella y la sonrío.
Y así pasamos nosotras las tardes, normalmente en el McDonald o en casa de Judith, que he de decir, que es enorme, tiene un gran jardín con un laguito y por detrás hasta una piscina climatizada.
Vuelvo a casa a la hora de cenar y mi madre, como siempre, preocupada, me acribilla a preguntas de qué he hecho y de por qué llego a estas horas. Al final se tranquiliza y me pone un plato de sopa con huevo cocido en la mesa. Apenas como, no tengo hambre, desde que pasó lo de Alex... Tengo el estómago cerrado y como poquísimo. Mi madre que ya está paranoica normalmente, se preocupa el doble, pero simplemente la digo que he comido mucho esta tarde, me cree y me levanto de la mesa. Me acuesto y acabo dormida, después de haber llorado un rato largo, como cada noche.